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Salva Ferrer: "En la Damm éramos un grupo de amigos con unas ganas de competir increíbles"

Es un referente dónde los más jóvenes pueden reflejarse. Salva Ferrer (Martorell, 23 años), ha llegado a la élite del fútbol después de pasar por el Juvenil A del CF Damm. Con los colores del Spezia Calcio, esta temporada ha defendido a Cristiano Ronaldo y ha conseguido mantener la categoría un año después del primer ascenso de la historia del club en la Serie A. Reflexionamos con él sobre la Damm, el fútbol base y la gestión de las emociones en los futbolistas.

Entrevista realizada por Ignasi Cardó.

En cuatro años has pasado de jugar en División de Honor Juvenil con la Damm a competir en la Serie A. Tu es un caso atípico, algo afortunado si se quiere ver así, pero la realidad es que has estado preparado en los momentos en los que se ha apostado por ti. ¿Cómo has vivido este salto tan rápido entre terminar la etapa juvenil y consolidarte en la élite?

Siempre digo que en toda esta historia necesitas mucha suerte, pero la suerte va pasando y tú siempre tienes que estar preparado para cogerla. Dicho de forma menos metafórica, tienes que estar al máximo nivel en el momento que te necesitan. Y yo, por suerte o por trabajo, lo he conseguido, ya sea en mi paso por el Nàstic, o incluso en la Pobla de Mafumet, cuando no era un año en el que debía ser 100% titular y conseguí ganarme el sitio. También más adelante en el Spezia, logrando la promoción, subiendo a la Serie A y certificando la permanencia este año. Han sido cuatro años muy buenos y toca seguir trabajando para que siga llegando esta suerte.

En todo este proceso, ¿en qué momento te creíste que podías ganarte la vida con el fútbol?

El cambio de chip total lo hago cuando estando en el Martorell me dicen que ha llamado la Damm. Dirás, ¡ostras, es muy pronto! Pues sí. Pasé muchos años hasta que empecé a ganarme la vida con el fútbol y yo seguía con esta mentalidad. Estaba estudiando, centrado en el bachillerato... y recibo la llamada de un equipo que en aquella generación había ganado la Liga Nacional y la Copa Cataluña... y pensé “¿por qué me necesitan a mí?”.

Hice un cambio de mentalidad muy grande en el sentido de profesionalizarlo todo: cuidar la alimentación y el físico, no salir [de fiesta], trabajar en los entrenamientos, estar mucho más atento a lo que decían los entrenadores para mejorar mucho más tácticamente, y desde entonces me he ido poniendo metas cada año. Llego a la Damm e intento ser titular, lo consigo; doy el paso al fútbol profesional, logro jugar en Tercera División; doy el paso al Nàstic, y lo consigo; y cada año he ido reciclando mis metas y ojalá pueda hacer muchas más y lo pueda hacer así de rápido. Al final, tener metas es lo que me da la energía para seguir adelante y, como he dicho antes, por lo que sea he tenido la suerte de cumplir todas estas metas y avanzar así de rápido.

Llegaste a la Damm en el último año de juvenil. ¿Qué te aportó tu paso por el Club de cara a dar el paso al fútbol profesional?

Me dio la esperanza de poder vivir del fútbol, ​​algo que ya hacía muchos años que se me había apagado. Cuando dejé de competir al máximo nivel de fútbol base ya no asimilé el fútbol como algo con lo que me pudiera ganar la vida. Fichar por la Damm me dio esa esperanza, esa fuerza. Llegué a la Damm con una idea de equipo muy competitivo, sí, pero terminé el año con una idea muy diferente, de club familiar, donde lo primero era la persona y disfrutar con el fútbol antes que los resultados.

Al final, gracias a todo esto, consigues hacer un año bueno. No es que lo primero sean los resultados y después, si se puede, ya se cuidará al grupo. Primero se cuida a la persona, se cuida a la familia, se intenta crear un buen entorno, y después llegarán los resultados porque no hay otra posibilidad. Y así fue, aprendí muchísimo con Roger e hicimos un muy buen año. Primero me descubrió Cristóbal Parralo, que seguramente es a quien le debo el paso del Martorell a la Damm y, más adelante, Roger García me dio la oportunidad y quiso seguir con los fichajes que había hecho Cristóbal. Aprendí muchísimo con Roger y disfrutamos de un gran año.

Te fichó Cristóbal y los inicios no fueron fáciles...

Fui un caso muy especial, porque venía del Martorell en Preferente y me contactaron en enero, mucho antes de cuando se empiezan a confeccionar las plantillas, porque se les habían lesionado los centrales. Cristóbal me dijo: “Ven y formarás parte del Juvenil A y del Juvenil B para jugar con los dos”. Acepté, pero estaba muy centrado en los estudios porque necesitaba sacar muy buena nota para entrar en la carrera de Enfermería. “No sé si soy la persona que necesitas”, le respondí. Y me dijo que al menos fuese a entrenar. Así que estuve haciendo una prueba en la Damm de cinco meses, entrenando con Cristóbal sin terminar de firmar, y no sabía si me quedaría o no. Después de toda la adaptación y con el cambio de entrenador no tenía la garantía de quedarme en el Club. Y sí, Roger siguió con todo lo que había montado Cristóbal y contó conmigo para la nueva temporada. Son dos de las personas a las que les puedo estar más agradecido. Mi crecimiento futbolístico en todos los ámbitos fue increíble durante aquellos meses, y los recuerdo como unos meses muy buenos y claves en mi carrera futbolística.

¿Qué importancia tuvieron la Damm y Roger García en tu consolidación como lateral, y como has ido evolucionando en esta posición?

En cada equipo donde he estado he tenido un tipo de juego diferente. Con Roger era un lateral mucho más de recibir el balón atrás y dar salida de balón, como si fuera un central más, pero obviamente con una salida de balón mucho más profunda, buscando más el pase adelante y no tan horizontal. En el Nàstic era un lateral mucho más defensivo y ahora en Italia soy como se entiende un lateral, que corre la banda, busca profundidad y recibe la pelota mucho más adelante. A quién le debo atribuir el mérito de haberme descubierto como lateral es a Roger y, además, lo hizo en un momento de la liga donde jugábamos contra Barça y Espanyol. Mi debut de lateral fue contra el Barça y ganamos al Espanyol en casa después de muchos años sin conseguirlo. Fue una demostración en un momento clave de la temporada, fue bastante bien y Roger optó por seguir poniéndome de lateral. Después, quizá sí que jugué de central, pero fui alternando y fue una primera toma de contacto bastante buena con la posición.

¿Qué recuerdo guardas de aquella etapa? ¿Todavía tienes contacto con los compañeros con los que coincidiste?

Con Roger no hablamos semanalmente, pero cuando conseguí el ascenso a la Serie A me envió un mensaje, o cuando él se fue con su hermano al Celta yo también lo felicité por el mérito de llegar a un equipo de Primera División. Y con los compañeros, obviamente, sí. Con muchos me sigo encontrando o me he encontrado en los campos, y sigo en contacto con ellos por WhatsApp. Si los ficha otro equipo, les deseo suerte, o si conseguimos algún mérito deportivo, nos felicitamos, y eso es lo más bonito, porque más allá del fútbol, ​​lo que cuenta es la persona y es lo que quedará dentro de veinte años. Durante la temporada solo piensas en competir y en ser la mejor versión de futbolista que puedes ser, pero al final, lo que intentas cuando estás dentro de un grupo de personas es sacar las mejores relaciones entre estas personas, y la verdad es que en la Damm fue relativamente fácil.

¿Cómo de importante crees que es trabajar para fortalecer la parte mental en chicos y chicas de edad juvenil?

Para empezar, seguramente han cogido la peor época de la historia del fútbol porque la pandemia nos ha molestado en cualquier ámbito de nuestra vida o nos ha impedido que el camino pueda seguir con normalidad. Y en el fútbol base, una pandemia con una cuarentena como la que tuvimos es difícil de gestionar para personas que están en plena adolescencia y en un momento clave para sus vidas futbolísticas, como es el paso a un equipo profesional o amateur. Y, obviamente, a ellos les preocupa esto, porque saben que están en la Damm y que es un trampolín increíble para ir a otro club. Y saben que es una oportunidad que con el coronavirus podía desvanecerse.

Yo lo entiendo perfectamente porque considero que la Damm ya es un nivel de fútbol muy alto, y se encuentran en grupos de personas donde todas compiten por un sueño y todas tienen una calidad muy alta por el fútbol, ​​y seguramente tienen la capacidad de dar el paso a un equipo más grande. Les da miedo no terminar demostrando el nivel que saben que tienen, pero es este miedo el que te hace tirar hacia atrás.

Lo que puedo aconsejar, hablando de mi experiencia, es que yo en ese momento venía de un ámbito mucho más humilde, el Martorell, y llegué a la Damm sin ningún miedo, con mucha ilusión porque venía de un lugar donde el salto era muy grande y pensaba, “aquí, a disfrutar y a intentar demostrar que puedo jugar”. Y nada más, sin pensar más allá, simplemente con muchísima motivación para hacer las cosas bien y disfrutar del fútbol, ​​que es lo que te hace dar tu mejor nivel y lo que después te hace llegar, porque los años más complicados ya vendrán. Serán más adelante, porque el fútbol amateur es muy diferente, aunque ya se parezca a la División de Honor. En estos momentos que son juveniles, incluso después si pasan a un filial, deben concentrarse en disfrutar.

La figura del psicólogo en un equipo de fútbol creo que es muy importante. Ir al psicólogo no significa que tengas problemas en la cabeza, simplemente te ayuda a gestionar tus emociones. Y si ya es importante en los equipos grandes, imagínate en los equipos pequeños, en los que normalmente los jóvenes no terminan ni de conocerse a ellos mismos y no entienden por qué tienen miedo.

¿Qué consejo te hubiera gustado que le hubieran dicho al Salva de 17 años que jugaba en el Juvenil A de la Damm?

Que todo lo que él pueda controlar, que lo controle. Un joven no puede controlar hacer un centro y que el balón vaya a la frente del rematador, porque esto depende de que estés más fino, que ese día tengas más tacto con el balón, de cómo esté el campo... Las cosas que puedes controlar son, por ejemplo, tus relaciones en el vestuario, que es algo súper importante. Si tienes buenas relaciones en el vestuario, juegas de otra forma, porque juegas con amigos, no con compañeros. Yo lo he vivido. En la Damm éramos un grupo de amigos que teníamos unas ganas de competir increíbles. Y no era relajación, era disfrutarlo. En el fútbol amateur es mucho más difícil tener este grupo de amigos y todo es más profesional. La gente va al campo a entrenar y después cada uno se va casa con su mujer y sus hijos o con quien sea.

Las relaciones, el estado anímico, la nutrición, el gimnasio... todas estas cosas que puedes controlar y que te hacen estar bien, que te hacen estar tranquilo y que no te llevan elementos negativos como pueden ser malos rollos de vestuario, lesiones, problemas en casa... Incluso tener buenas relaciones con tu familia, porque al final tu familia y tu pareja son los pilares para que salgas al campo y sólo pienses en disfrutar. Y mira que yo, sinceramente, considero que tuve unos dieciocho y diecinueve años bastante buenos. El grupo era bueno, la familia me apoyaba y yo era bastante profesional con todos los temas nutricionales y físicos. Así que, tal vez, le diría a mi yo que todo esto es lo que importa. Y te lo digo ahora que tengo veintitrés años, tal vez dentro de tres años he descubierto más cosas dentro de mí y te puedo dar otros consejos. Estoy seguro de que lo haré.

¿Vives mucho en el día a día o eres capaz de plantearte objetivos a largo plazo?

Vivo bastante el día a día, pero, obviamente, cada año tengo una meta. Antes de ir a dormir, sobre todo lo que pienso es si estoy cuidando mi vida. Si todos los aspectos de mi vida los tengo bien y me puedo ir a dormir tranquilo. Si ese día he tratado bien a mis padres, si estoy cuidando a mi pareja lo suficiente o últimamente estoy más arisco... todas estas cosas para que al final pueda ser mejor futbolista, pero también mejor pareja, mejor hijo, mejor hermano y mejor amigo. Ahora que estoy en Italia, a veces pienso: “¡Ostras! Hace tres semanas que no le envío un mensaje a mis amigos”, y ya te queda algo dentro que son pinchos que lo único que hacen es daño. Y al día siguiente, nada más levantarme, les envío un mensaje para saber cómo están, si están trabajando o estudiando en algún lugar... Intento cuidar a todas las personas que me rodean y las cosas que me preocupan, y así considero que tengo mucha más fuerza después para, si me sale cualquier problema en un entrenamiento, por ejemplo, poder gestionarlo bien y que no me sobrepase y me hunda.

Vídeo

Entrevista a l'excerveser Salva Ferrer